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Constitución y ciudad

Luis Eduardo Bresciani L. Director, Escuela de Arquitectura UC

No da lo mismo lo que pase el 25 de octubre. Menos para la arquitectura y la ciudad, sumidas por décadas bajo las reglas del mercado, con un débil contrapeso democrático que facilite la innovación local y la expresión de lo público por sobre lo privado, lo que no ocurre en las democracias más desarrolladas.

Se equivocan los que sostienen que los problemas de las personas se resuelven con medidas de corto plazo y acciones administrativas, desconociendo el rol fundamental de los marcos institucionales que una nueva Constitución entrega a la construcción social.

Mientras más predominio del pragmatismo de corto plazo, más poder adquiere el mercado, el centralismo y las políticas masificadas, y menos relevante es la dimensión urbana y espacial. Por el contrario, mientras más consensos sociales y políticos existan en torno a una visión de sociedad democrática, más importancia adquiere la dimensión local y territorial en las formas de organización de la sociedad contemporánea.

Tal como lo sostiene el PNUD (2015), “la actual carta fundamental ya no proporciona un marco normativo adecuado para los desafíos sociales, económicos y políticos que enfrenta la sociedad chilena hoy”[1]. Esta falta de legitimidad y eficacia se expresa con particular gravedad en la ausencia de definición de las relaciones entre lo público y lo privado; la distribución equitativa de calidad de vida urbana y territorial; el uso sostenible de los recursos ambientales; los derechos de acceso a bienes públicos e integración social; y el reconocimiento de las ciudades y barrios como espacios de gobierno.

En Democracia en América (1838), Alexis de Tocqueville sostiene que, “la fuerza de un pueblo libre reside en la ciudad. Las instituciones de la ciudad son para la libertad lo que las escuelas primarias son para el conocimiento; lo ponen al alcance de la gente; les dan una muestra de la práctica pacífica y los habitúan a su uso. Sin instituciones de la ciudad, una nación puede pretender tener un gobierno libre, pero no tendrá espíritu de libertad ”[2].

Con el 88% de los chilenos habitando en ciudades, el diseño, construcción y gobernanza del espacio común es una de las principales claves del desarrollo nacional, la cohesión social y la convivencia democrática. La idea aristotélica de democracia estaba centrada en la ciudad (polis) y la res pública romana estaba en el ámbito de lo colectivo (civitas). En nuestros actuales marcos institucionales este vínculo ha sido reemplazado por el mercado y un obsoleto centralismo estatal.

Por eso urge una nueva Constitución que pueda abrir espacios para concordar aspectos más fundamentales que la mera agrupación de derechos individuales, permitiendo discutir sobre las formas de gobiernos descentralizados que revitalicen nuestra debilitada democracia, los derechos a la equidad urbana y territorial, y los espacios para innovar desde las comunidades.


[1] Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) “Mecanismos de Cambio Constitucional en el Mundo, Análisis Desde La Experiencia Comparada”, PNUD, Santiago, Chile, 2015.

[2] De Tocqueville, Alexis (1838) De la démocratie en Amérique. Saunders y Otley, Londres.

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