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Rich is Right. Sobre un texto de Bertrand Goldberg

Fabrizio Gallanti. Director, Arc en Rêve centre d'architecture, Bordeaux / Fundador FIG Projects, Montreal

 

Para dirigirse hacia el futuro – bastante incierto – siempre es bueno ir acompañado de alguna sabiduría pasada que nos de protección y una sensación, al menos vaga, de tener una brújula para encontrar el norte.

Se oye mucho que la arquitectura es política o que debería serlo, lo que equivale a no decir absolutamente nada o a decir que el agua esta mojada, pues es obvio que algo que impacta en la vida de los ciudadanos es político. Nos gustaría que quien se llena la boca de tanta banalidad se atreviera a decidirse si, siendo política, la arquitectura debería ser conservadora o progresista; de derecha, de centro o de izquierda; al servicio de los poderosos o del lado de los humildes. Conservadora, democratacristiana, liberal, comunista o anárquica.

Hay innumerables ejemplos de arquitectos y arquitectos que han sido “políticos”, es decir que han expresado sus afiliaciones ideológicas, una postura clara en la selección de sus encargos y en la manera en que son ejecutados. Entre ellos, Bertrand Goldberg (Chicago, 1913 – Chicago, 1997) podría ser un buen compañero de nuestros futuros viajes.

Egresado de la Bauhaus y con una pasantía en la oficina de Berlín de Ludwig Mies van der Rohe, Goldberg es conocido por sus dos torres de apartamentos Marina City en Chicago, con sus balcones en forma de pétalos de flores, tan distintas del estilo miesiano que dominaba el perfil de la ciudad. Como muchos arquitectos polivalentes de su época tuvo una trayectoria ecléctica: clientes públicos y privados, encargos con grandes presupuestos y viviendas económicas, diminutas casas de fin de semana y gigantescos complejos hospitalarios. Todos ellos atravesados por un afán, socialdemócrata si se quiere, de mejorar las condiciones de vida especialmente de las clases más débiles, con gran atención a la eficiencia de la construcción, a la integración con la ciudad, a la provisión de espacios colectivos y de servicios. Y también, como tantos arquitectos polivalentes de su época, Goldberg no era un teórico, sino un hombre del hacer. Por lo tanto, los pocos textos que produjo son un destilado muy intenso de su actitud y pensamiento. “Rich is Right”, publicado en 1982 en Inland Architect, una revista de Chicago que cesó sus publicaciones en 1993 (y la primera en publicar a Frank Lloyd Wright), es una sucinta historia de la relación entre arquitectos, poder y dinero, motivada por el disgusto de Goldberg respecto del auge de la arquitectura posmoderna en Estados Unidos – presentada como expresión favorita de unas clases dominantes ya lanzadas a la acumulación financiera voraz, estimulada por la presidencia de Ronald Reagan. En tan solo ocho páginas, Goldberg hace un fulgurante y claro análisis de la arquitectura en relación a las clases sociales desde el siglo XIX, donde se destaca el compromiso social de los arquitectos modernistas – por primera vez en la historia no al servicio de unas pocas elites rarefactas, sino que de las masas. La frase de apertura sirve para que no nos olvidemos de qué lado estamos:

America is rich. America is right. Rich is right. Architects have always worked for the rich. We are now also working for the right. And that hasn’t always been the case during the last hundred years. We had better find out who we are working for and what we are trying to say.

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